Palabras de G. Rivera y David Graeber para la presentación del libro Fragmentos… y Otros Textos

Publicado: 27 noviembre, 2015 de Guadalupe Rivera en Eventos
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Palabras de David Greaeber para la presentación del libro Fragmentos… y Otros Textos

Me siento profundamente honrado de saber que su colectivo ha tenido a bien publicar la presente edición de Fragmentos. No me atrevo a llamar libro a la original, en realidad era más bien un ensayo que estaba destinado a abrir puertas y a sugerir la posibilidad de una especie de teoría social que sentí, no existía. Una diseñada para dar ayuda y apoyo a las personas que luchan activamente por crear un mundo basado en la dignidad y la libertad, pero en ningún sentido para dictar soluciones.¿Cómo hacerlo? Desde luego, no pienso que mi libro haya respondido a esa inquietud. Pero yo quería sugerir que, tal vez, hay muchas respuestas, y que la idea de que debe haber sólo una respuesta podría ser parte del problema. Como alguien que siempre se ha inspirado en los movimientos de México, que están en muchos aspectos muy por delante de los de Europa y América del Norte, me haría feliz el hecho de pensar que mis esfuerzos tienen cierta resonancia allá, y tal vez, incluso, que podrían animar a la gente de allá para abrir otras ventanas y otras puertas que nunca podría siquiera haber pensado.

David Graeber
25 de noviembre de 2015

Palabras de G. Rivera (prólogo y edición) para la presentación del libro Fragmentos… y Otros Textos

Como proyecto editorial ha sido una preocupación constante el aportar al texto “puro”, como el que hoy presentamos, una serie de comentarios que ayuden a nuestros lectores a situarlo en su realidad inmediata, es decir, situarlo en nuestro contexto particular. En ese sentido, nuestra propuesta es, justamente, editorial. Vamos más allá de la edición del texto. No estaríamos conformes simplemente con tomar algo que consideramos importante, copiarlo, maquetarlo, imprimirlo y distribuirlo. Sentimos una necesidad constante de hacer notas, introducciones o nuevos escritos que complementen, debatan y profundicen la línea editorial que deseamos presentar.

Muchas cosas que quisiera hablar sobre Fragmentos están ya esbozadas en los dos prólogos y la nota editorial que acompañan nuestra edición, otras tantas tendrán que quedar fuera por cuestiones de extensión y ya encontrarán su lugar en algún futuro escrito. Aún así valdría la pena, en esta presentación, abordar una serie de puntos que considero nodales acerca de la propuesta de David Graeber y más allá de ella.

Como seguramente ya saben, el libro que hoy presentamos es producto de un largo trabajo hormiga que inició, de alguna manera, en 2004 con la publicación original de Graeber en inglés. En abril de 2011, siete años después, editorial Virus de Barcelona tradujo y publicó una versión en castellano. No había caído en cuenta que para el momento en que la clase de “Antropología y Anarquismo” se abrió, esto fue en agosto de 2011, el libro era una verdadera novedad editorial. Es decir que la clase propuesta por Beto Moreno, pero complementada por todas las asistentes, se nutría de las propuestas más “frescas” que hasta ese momento estaban disponibles. Además la clase se complementó con interesantes escritos, borradores y artículos de autores que no estaban disponibles en español, lo cual implicó que varios compañeros solidarios realizaran una traducción para poder compartirlos más.

Luego nos dimos cuenta que no bastaba con tener una versión traducida o en castellano de algún libro. Considerábamos que si alguna propuesta valía la pena ser retomada debía ser impresa aquí mismo. Anarquistas al fin, y eso implica tener un ego muy grande, varios compañerxs se dieron a la tarea de hacer una versión mexicana de Fragmentos, lo cual evidentemente aumentó la carga de trabajo. El libro que ustedes tienen en sus manos tardó tres años más en aparecer. Con esta segunda edición queremos honrar el trabajo de todas las compañeras y los compañeros que hicieron el trabajo de la primera edición posible, sin los cuales no podríamos estar aquí hoy compartiendo.

Sin embargo hay que aclarar que desde que el libro original salió de la imprenta hasta la primera edición mexicana han pasado 10 años, 11 si tomamos en cuenta nuestra segunda edición. Esto quiere decir que en el tránsito entre una y otra ha habido tiempo para muchas pláticas, reflexiones y análisis, no ya de la propuesta de Graeber sino de la anarquista en sí misma. La primera de estas reflexiones ronda sobre la relación anarquismo y academia.

Considero que entre las anarquistas existe un deseo o un anhelo muy grande de desembarazarse de la academia. Es una aspiración muy justa si consideramos los numerosos vicios que este sistema arrastra y de los cuales no hablaremos aquí. En ese sentido la propuesta de Graeber parecía una bocanada de aire fresco o como dice Beto en su prólogo “un camino posible del actuar más allá del simple «profesional» académico escudado en una objetividad ficticia y cómplice” o como versa la contraportada de la primera edición de Doble AA:

En los últimos años, los estudios sobre anarquismo desde la academia han crecido considerablemente. Cabría preguntarnos si una parte del anarquismo se está reconciliando con la academia, la cual fue y es despreciada por muchxs de sus simpatizantes, o, si es que la academia, aburrida y gastada con sus teorías, se acerca al anarquismo como una medida urgente y desesperada para dar respuestas novedosas a sus planteamientos.

Yo no podría estar más en desacuerdo con esas declaraciones. No es que predique un matrimonio “anarquismo y academia” o que considere que la universidad es el faro de salvación y producción intelectual desde el cual el cambio social va a surgir. Para nada. Voy a repetirlo por si no quedo claro, no estoy defendiendo a la academia ni la forma en la que produce su conocimiento, tampoco creo que la academia necesite de defensa alguna. Sin embargo considero que las declaraciones de Beto y de las compas del proyecto Doble AA están situadas fuera de contexto.

En primer lugar por que no considero que Graeber pretenda salirse o invitarnos a salir del trabajo del profesional académico. Su misma trayectoria así lo indica. Es por eso que Graeber llama a cuestionarnos

Dado que hay muy buenas razones por las que una antropología anarquista realmente debería existir, podríamos comenzar por preguntarnos ¿Por qué no existe? O para el caso, ¿por qué no existe una sociología anarquista, o una economía anarquista, o una teoría literaria anarquista, o una ciencia política anarquista?”

Por cierto, lo que acabo de leer forma parte de la introducción de Fragmentos, un fragmento justamente, una seccioncita que no estaba traducida en la versión de Virus y por ello tampoco estaba presente en la versión de doble AA y que nosotros incorporamos para la segunda edición.

Por el contrario, lejos de lo que consideraron mis compañeros, creo que la propuesta de Graeber en sus Fragmentos es invitar a los anarquistas que están dentro de la academia a salir del closet y ocuparse, desde sus diferentes disciplinas, de construir una mirada, una introversión de su propio anarquismo, producto de las herramientas téoricas que les proporcionan sus áreas de estudio para complementar y reforzar la práctica libertaria con reflexiones. O en palabras del propio autor:

la etnografía proporciona por lo menos algo equiparable a un modelo, aunque muy rudimentario, de cómo podría funcionar una práctica intelectual revolucionaria no vanguardista. Cuando se realiza una etnografía, se observa lo que la gente hace, tratando de extraer la lógica simbólica, moral o pragmática que subyace en sus acciones, se intenta encontrar el sentido de los hábitos y de las acciones de un grupo, un sentido del que el propio grupo muchas veces no es completamente consciente. Un rol evidente del intelectual radical es precisamente ese: observar a aquellos que están creando alternativas viables, intentar anticipar cuáles pueden ser las enormes implicaciones de lo que (ya) se está haciendo, y devolver esas ideas no como prescripciones, sino como contribuciones, posibilidades, como regalos.

Es decir que la mirada de la Antropología Anarquista es hacia el propio anarquismo, y no hacia sociedades que puedan tener prácticas “anarquizantes” como se insistía en la materia de 2011. Insistiría en este punto en decir que no se trata de irnos a algún mercado, algún barrio o a alguna comunidad de la sierra a ver que de “anarquizante” encontramos ahí. Lo repito por que considero que las aportaciones de Graeber fueron tomadas en ese sentido. Por el contrario, y parafraseando lo ya dicho en nuestro prólogo, hacer lo anterior no sería propiamente una “Antropología Anarquista”, se trataría en todo caso de una Antropología del Anarquismo, que pese a poder tener una profundidad analítica interesantísima estaría más preocupada de presentar su trabajo para canjearlo por puntos CONACyT que en una contribución analítica a un movimiento radical como el anarquismo.

Justo por esto considero que David Graber es tan críticico, por un lado, con Pierre Clastres, al señalar algunos puntos flacos de su reflexión sobre las sociedades cazadoras-recolectoras del amazonas y por otro, tan preocupado por contextualizar sus propias reflexiones, sus propios trabajos etnográficos entre los malgache de Madagascar, con quienes vivió durante dos años. De la primera cuestiona, por ejemplo, la supuesta igualdad existente entre los piaroa comentando que, si bien tienen prácticas muy igualitarias, también practican violaciones colectivas de mujeres que trasgreden el orden de género establecido. De su propia reflexión comenta que si efectivamente los malgache tienen prácticas de contrapoder que se oponen ferreamente a las jerarquías estatales, estas no son necesariamente producto del espíritu libertario propio de los pueblos primitivos. Por el contrario, muy lejos de este “núcleo duro” tan buscado entre los mesoamericanistas de la UNAM, las etnias malgache que conocemos hoy día y sus prácticas “anarquizantes” no son otra cosa que el resultado, o la respuesta si se quiere ver así, de un proceso de etnogénesis fruto de varios siglos de colonialismo francés.

En esta misma línea pero salíendonos un poco del tema, no debería sorprendernos que lo que hoy conocemos como Comunalidad, una “propuesta” académica que insiste en la perfección y bondad del orden comunitario de los pueblos de la Sierra de Oaxaca, sea el producto o la respuesta no de la supervivencia de ese “núcleo duro mesoamericano” como lo cree Benajamín Maldonado o Jaime Luna, sino de la larga relación de negociación y articulación política entre los serranos primero con el orden colonial novohispano, segundo con el nuevo estado mexicano, y por último con la largísima administración priista del estado de Oaxaca, es decir, una etnogénesis colonial. Si bien podemos suponer que existía el consumo de alcohol en épocas prehispánicas, sabemos también que la Nueva España, espacialmente en Oaxaca, impulsó el consumo y producción de alcohol, potenciándolo con técnicas árabes que permitían extraer alcoholes destilados como el mezcal, más baratos y más fuertes que el pulque. Los altos índices de alcoholismo en la Sierra de Oaxaca deberían servirnos ya para advertir que, resultado de 500 años de dominación colonial, algo cambió profundamente en la región. Pero esto es tema de otra reflexión.

El punto aquí era señalar como la etnografía, o la investigación etnohistórica en este caso, tiene el potencial de mostrarnos la complejidad de la sociedad en la que vivimos, lejos de los imaginarios etnochovinistas que se presentan atractivísimos ¿Qué pasa entonces cuando subvertimos la mirada etnográfica dirigida tradicionalmente al “otro” hacia nosotros mismos como anarquistas?

Es momento entonces de, continuando la propuesta de Graeber, hacer un ejercicio hacia el anarquismo en México. Considero que las afirmaciones, sobre el desprecio o reconciliación del anarquismo y academia, planteadas por las compañeras del Proyecto Doble AA son en todo sentido apresuradas.

Las compañeras afirman que “En los últimos años, los estudios sobre anarquismo desde la academia han crecido considerablemente. ” y que cabría preguntarnos si una parte del anarquismo se está reconciliando con la academia, la cual fue y es despreciada por muchxs de sus simpatizantes, o, si es que la academia, aburrida y gastada con sus teorías, se acerca al anarquismo como una medida urgente y desesperada para dar respuestas novedosas a sus planteamientos”. Temo presentarme aquí como una especia de ave de mal agüero, pero me parece que las críticas que voy a vertir sobre estos planteamientos son necesarias si es que queremos que esas afirmaciones sean realidad.

Por un lado la declaración sobre que en los últimos años los estudios anarquistas desde la academia han crecido considerablemente es matizable. En primer lugar porque esto no es ninguna tendencia novedosa, por el contrario esto ha sido siempre así y son excepcionales los casos en los que esta tendencia se rompe. No sé en que lugar mental colocamos a anarquistas clásicos como Bakunin o Kropotkine, pero si creen que estos “padres del anarquismo” estaban separados de una matriz común con la academia se equivocan. Es cierto que la academia del siglo XIX era diferente a la de hoy en día, pero sus declaraciones no estaban destinadas unicamente a la militancia obrera o anarquista, por el contrario, muchos de los planteamientos surgen en un momento en que las ciencias sociales tales como las conocemos hoy día se estaban debatiendo y conformando. Si bien no existían cosas como las revistas arbitradas, los escritos de los anarquistas estaban debatiendo directamente con ideólogos del estado como Hobes, sobre la supuesta maldad, o bondad innata del ser humano, o en el caso de Kropotkine estaban dialogando directamente con el darwinismo, pilar de la biología moderna y de una parte oscura de la sociología.

Que la academia haya optado por incorporar como verdad científica ciertas teorías sobre otras y las haya transformado en lo que hoy conocemos como “Ciencia Política” o “Sociología” es una cosa, pero que los socialistas libertarios hayan construido sus propuestas y reflexiones desde el mismo lugar de enunciación que estas, es decir la Europa del siglo XIX, debe ser advertencia de que parten de una matriz común. Un par de cosas más refuerzan lo antes dicho, una es su condición de clase, ya que si bien los anarquistas sufrieron persecución y penurias, muchos de ellos, Bakunin y Kropotkine gozaron en su juventud de una posición económica acomodada que les permitió ingresar a las universidades y nutrirse teóricamente de estas. Que todos ellos sean hombres, llámense Marx, Engels, Lenin, Bakunin, Kropotkine o Malatesta, no hace más que reforzar lo dicho sobre su lugar de enunciación.

Por otro lado la duda sobre si una parte del anarquismo se está reconciliando con la academia, la cual fue y es despreciada por muchxs de sus simpatizantes, me temo, también es tremendamente parcial. Quiero volver a aclarar que en ningún momento estoy defendiendo este sistema de cosas, pero un análisis del anarquismo en México tiene que advertir estas situaciones. Como decía no hay ninguna reconciliación del anarquismo con la academia por que en principio podríamos cuestionar esa supuesta ruptura, y vuelvo a repetir, los escritos de Kropotkine son una muestra clarísima de ello. En segundo lugar por que el anarquismo en México, desde hace unos 30 o 40 años ha vivido y resurgido gracias a la academia, sin considerar que nunca estuvo realmente separada como lo demuestran los trabajos de José C. Valadés.

Otra muestra de esta “dolorosa” realidad la podemos ver justamente en la producción intelectual anarquista, de un lado tenemos un montón de editoriales, que en papel o en medios virtuales, siguen editando clásicos como El apoyo Mutuo de Kropotkine, Entre Campesinos de Malatesta, Dios y el Estado de Bakunin, libros que tienen 100 o 150 años (o más) de haber sido leídos y releídos por los anarquistas y por otro lado tenemos las “novedades” editoriales, entre las que podemos citar por ejemplo en México a Magonismo, Utopía y Revolución de Rubén Trejo, El magonismo en Sonora, 1906-1908: historia de una persecución de Alfonso Torúa Cienfuegos o El vaivén del Frente Rojo, la escena anarquista en la ciudad de Veracruz en 1922 y 1923 de Mary Carmen Lara Orozco. Todos ellos son títulos recientes escritos por anarquistas, publicados por anarquistas y leídos por anarquistas, que tienen el común de haber emanado desde la academia, ya sea como trabajos de investigación o como tesis. Los reto a tomar cualquier libro anarquista escrito y publicado desde los 70 hasta nuestros días y a encontrar los que no han sido escritos desde la academia, sin duda serán la absoluta minoría.

Nótese que me he enfocado únicamente a la producción intelectual y edición de libros, parte importante del anarquismo y tradición libertaria valiosísima, pero también podríamos girar la visión a las okupas mexicanas. Por diferentes razones no existe realmente un movimiento okupa mexicano y curiosamente las okupaciones o similares que podemos localizar, como el Auditorio Che Guevara o este cubículo incluido, se encuentran paradógicamente dentro de universidades. En fin. No estoy diciendo que estos esfuerzos estén coludidos con los intereses de la academia, los avalen o los apoyen, tampoco estoy diciendo que los trabajos de tesis de los que hablé no sean importantes, por el contrario, creo que son muy importantes, pero los estoy tomando de ejemplo para señalar que ese supuesto “desprecio” o “reconciliación” entre anarquismo y academia es más imaginario que real.

Otra crítica al anarquismo mexicanos podríamos hacerla tomando a consideración la siguiente declaración de Greaber cuando señala que

Es fácil encontrar fundadores de escuelas de marxismo. Tal como el marxismo surgió de la mente de Marx, tenemos leninistas, maoístas, althusserianos… (notar que la lista empieza con cabezas de estado y se diversifica en profesores franceses, que, a su vez, pueden generar sus propias corrientes: lacanianos, foucaultianos…).

En otra parte complementa:

Consideremos ahora las diferentes escuelas del anarquismo. Hay anarcosindicalistas, anarcocomunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas… Ninguna le debe su nombre a un Gran Pensador; por el contrario, todas reciben su nombre de algún tipo de práctica o, más a menudo, de un principio organizacional.

Temo señalar que en este punto no concuerdo con el autor, o para ser más precisos mi realidad es contrapuesta a la que él plantea. El anarquismo mexicano es en este sentido único: Es el único que, contrario a lo que dice Graeber, le debe su nombre a un Gran Pensador, este es, el ídolo de todos: Ricardo Flores Magón. El Magonismo mexicano es un ejemplo paradógico en todos los sentidos, por que como término surge en un principio para denigrar y descalifica al Partido Liberal Mexicano y luego fue utilizado por los ideólogos del régimen, historiadores y académicos por supuesto, para hablar del PLM y finalmente es reivindicado como una bandera de los anarquistas mexicanos de hoy.

Es otro hecho sumamente curioso que los anarquistas por un lado, que tanto desprecian la figura del Partido no encuentren ninguna reflexión crítica sobre el hecho de que la máxima organización anarquista de la Revolución Mexicana se llama justamente Partido Liberal Mexicano y por otro que este partido haya tenido como estandarte una bandera roja, considerando la extrema e irracional fobia anarquista a todo lo rojo como sinónimo de marxismo.

Siempre he declarado mi oposición al término magonista, por que creo que, además de surgir como peyorativo y ser construido desde la academia, personifica la complejidad del movimiento anarquista de la revolución, desdibujando a otros actores y procesos. Para muestra vale un botón: desde 1922 hasta nuestros días, ríos, caudales de tinta han corrido desde el personaje de Ricardo Flores Magón. En 2010, justo cuando este proyecto editorial nacía, realizé una búsqueda más o menos exhasustiva de la bibliografía escrita por y sobre Ricardo Magón, en aquella fecha contabilicé al menos 49 libros, la lista está en el blog de la Editorial por si alguien es lo suficientemente masoquista para leerla

¿Saben ustedes cuantos libros hay sobre el incansable compañero de armas de Magón, Librado Rivera? Uno, bueno, dos si consideramos la labor de los compañeros de la Voz de La Anarquía que justamente acaban de editar un libro sobre Rivera ¿Saben cuantos libros hay sobre Práxedis Guerrero, otro importante anarquista del PLM? Tres. Es decir que lo escrito sobre los más importantes anarquistas del Partido Liberal Mexicano, después de Magón claro, se pueden contar con los dedos de una mano ¿Otro ejemplo? ¿Saben cuantos libros hay sobre María Talavera Brousse? ¿Alguno tan siquiera la conocía? Sobre la militante del PLM María Talavera, que por cierto es más conocida por ser la compañera de Magón, no hay a la fecha ninguna publicación, excepto un inédito en inglés que por cierto es una tesis de licenciatura.

Para agravar el panorama tengo que decir que además, desde hace muchas décadas, la producción anarquista en nuestro país ha sido impulsada por el INAH mediante la dinastía Bassols. Es gracias a las becas que el INAH otorgó a muchos tesistas anarquistas, vía Jacinto Barrera Bassols, que podemos disponer del periódico Regeneración completo, un proyecto que por cierto nombró “Archivo Magón”. Es curioso dado que yo siempre me he preguntado porqué en muchos eventos anarquistas terminan siempre invitando a Barrera Bassols. Yo no tengo nada en contra del Jacinto, ni siquiera lo conozco, pero me preocupa la tremenda dependencia del anarquismo mexicano hacia este académico, hacia sus becas y hacia su publicación de los noventa volúmenes de las obras completas de Ricardo Flores Magón que van desde su nacimiento hasta su crucifixión.

Podríamos seguirnos con los chismes de este estilo, podríamos señalar por ejemplo que un proyecto que siempre ha denunciado a losanarcólogos”, impulsó a finales de los noventa el “año ciudadano Ricardo Flores Magón” junto a la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. No voy a decir cual para no quemar a…

Espero no haber aburrido a los escuchas, pero este tema me inquiera y apasiona, justamente por que creo que hay un abismo enorme entre lo que los anarquistas dicen y lo que hacen, curiosamente, poner atención a esta brecha es uno de los fundamentos de la etnografía.

Reforzando la propuesta de Greaber encontramos una serie de escritos que culminan con su libro Acción Directa: Una Etnografía. Aunque este título no se encuentra todavía disponible en español los lineamientos básicos de él se exponen a lo largo de todo Fragmentos y Otros Textos. Practicando una introversión como la que he hecho en esta exposición, Graeber concluye que el anarquismo, el nuevo anarquismo, se ha renovado al incorporar el proceso de consenso como mecanismo para la de toma de decisiones y la acción directa no violenta como mecanismo de acción. Y lo ha hecho de una forma bastante antropológica.

Graeber sostiene que el anarquismo ha sabido voltear a ver al Sur Global, especialmente a los movimientos indígenas y a partir de ellos, especialmente el zapatismo, es que el nuevo anarquismo ha logrado dar golpes tan contundentes al sistema económico neoliberal como el colapso de la Ronda del Milenio en Seattle o ha generado propuestas como los Medios Libres, independientes, autónomos o como se llamen.

Una vez más temo decir que en este rubro me encuentro, preocupantemente, distanciado con el autor. Intentaré resumir este punto, sé que requiere de una explicación más larga y detallada, pero espero al menos tocar los nodos esenciales para darme a entender. Desde hace unos diez años el anarquismo mexicano ha estado a la vanguardia de lo que se hace llamar “confrontación directa al estado”, aunque como he señalado en otra ocasión los ataques que son realmente dirigidos a instituciones o aparatos de estado no son ni el 10% del total. Esta tendencia, que en México ha llegado con 40 años de atraso, es surgida del Norte Global.

Cuando Graeber hace énfasis en el aspecto no violento de las acciones directas, señala que los nuevos anarquistas han rechazado la confrontación violenta con la policía pues esto les conduciría a actuar exactamente como la policía quieren que actuen. Graeber comenta que “incluso los más militantes de los militantes los ecosaboteadores, como el Frente de liberación de la Tierra, evitan escrupulosamente hacer cualquier cosa que pudiera causar daño a los seres humanos”. Temo sonar a repetidora, pero esto es verdad hasta cierto punto, y en México definitivamente no es una realidad. Basta ver la cantidad de tentativas de atacar o matar a investigadores que experimentan con animales e incluso el infructuoso intento de ponerle una bomba al Cardenal Norberto Rivera hace algunos años. Uno de los ejemplos más relevantes de esta tendencia sucedió en septiembre de 2012, procederé a leer el siguiente comunicado:

Comunicado:

Decidimos sumarnos al llamamiento de los grupos e individuales anarquistas que no se limitan a las palabras y maldiciones contra la paz social y toman en sus manos la decisión de reventar al sistema de dominación haciendo practica la solidaridad directa con nuestrxs hermanxs presxs.

Por lo que reivindicamos un nuevo ataque contra los mierdas uniformadxs: abrimos fuego contra la patrulla 282 de la Policia Municipal de Valle de Chalco en Edo Mex, dando muerte a todxs sus tripulantes.

No atacamos una unidad de transporte publico, disparamos contra una patrulla, es decir, contra un objetivo bien identificado en nuestra lucha a muerte contra el sistema de dominación y sus esbirrxs.

Si como “lamentan” desde los medios de apendejamiento masivo solo dimos muerte a un uniformado y el resto de lxs tripulantes se trataba de personal civil y familiares del policía municipal, no tenemos de que arrepentirnos. Volveriamos a atacar sin remordimientos. En la lucha por la destrucción de lo existente no existen culpables ni inocentes. Todxs lxs que alimentan este sistema de muerte son nuestrxs enemigxs.

Tambien queremos aclarar que no sabemos nada del paradero del policía que reportan desaparecido. Nosotrxs no secuestramos ni encarcelamos. No creemos en las prisiones ni en las que se dicen “cárceles del pueblo”.

Luchamos por la liberación total no por imponer otro sistema igualmente represivo.

Saludamos a los grupos informales y a lxs anarco-individualistas que se sumaron a esta nueva acción coordinada!

Caos ha vuelto para todxs lxs que pensaban que había muerto.

Solidaridad directa con todxs lxs presxs anarquistas en México, Chile, Grecia, Italia, Indonesia, Estados Unidos, Suiza y el mundo!

Contra toda dominación!

Fuego al poder!

Que se extienda la lucha!

Viva la anarquía!

Célula Insurreccional Mariano Sanchez Añon (CI-MSA)

fracción de la Federación Anarquista Informal de México (FAI-M).

Más allá de las conclusiones morales que pueden sucitarse de este hecho, cabe preguntarse ¿Cuál será el alcance de estas acciones? Justamente muchos de estos comunicados esgrimen la idea de que los alcances no son relevantes, que lo importante es actuar, crear situaciones que rompan el tedio y el cotidiano de la paz social. No entiendo hasta que punto, en un país en el que la violencia es cotidiana y ha dejado miles de muertos, un vendetta como esta contribuye a alterar el orden. Además he usado el término vendetta esbozando un reflexión de la violencia desde una posible Antropología Anarquista. He calificado así esta acción por que, si bien los insurrecionalistas dicen encontrarse en una guerra a muerte contra el estado, me parece que no se ha reflexionado en lo que una guerra realmente es.

Como todo lo estudiado desde la amplia dimensión de la cultura, la guerra como manifestación es un tema complejísimo, resumiremos señalando que las conclusiones a las que llegan los antropólogos (algunos de ellos anarquistas como Pierre Clastres) es que la Guerra es un fenónemo cultural, es decir que no es inherente al ser humano. Otros antropólogos añaden que si bien la violencia puede existir desde diferentes manifestaciones, estas no siempre han configuran una guerra. Por el contrario muchas sociedades han generado mecanismos violentos que sirven como una especie de válvula de escape frente a los conflictos que viven.

Unos ejemplos: Existen en algunas comunidades de Guerrero una ceremonia en la cual dos pueblos se reúnen una vez al año. Hombres, mujeres, ancianos y niños incluidos, se enfrentan individualmente contra su par del otro poblado. Pelean hasta que uno se rinde y entonces toca el turno a los siguientes. Así, año con año, estos dos poblados distienden sus conflictos en una violencia colectiva, generalizada, pero organizada. Muchos otros pueblos tienen costumbres muy parecidas o similares, en la costa de Oaxaca, donde yo crecí, existe la fiesta de las Máscaras, en la que durante una semana al año los jóvenes conforman dos grupos, unos portan máscaras, se visten de mounstros y usan látigos y los otros son correteados y golpeados por las “Máscaras”. En la corretiza, que es por las calles principales, se arma una batalla campal, pues nada asegura que si eres una “Máscara” no te vayan a reconocer por tus zapatos y te peguen entre varios por algún agravio anterior, por el contrario si alguien “te la debía” ese sea el momento oportuno para desquitarte.

Como mencioné, existen numerosos ejemplos de estas violencias colectivas organizadas. La Vendetta es otra de estas lógicas de violencia, mediante las cuales una población o un grupo ejerce una violencia, selectiva en este caso, y ajusticia a un miembro de otro grupo que se considera rival tomando venganza por algún daño, algún asesinato previo por ejemplo. De esta manera al menos alguna de las partes considera saldado el agravio y restablecido el orden de las cosas. Es decir que son violencias, actos de cambio, ejercidos para que nada cambie ¿Hasta que punto los insurrecionalistas no nos proponen otra cosa más que una Vendetta, una venganza focalizada para aliviar un malestar conciso y destinado a mantener el orden de las cosas, a hacer justicia de otras maneras en lugar de un proyecto de cambio social?

A la par de todo lo antes dicho es curioso que estas propuestas, desarrolladas hace 30 o 40 años en Europa, han sido hoy cuestionadas por los mismos europeos. Una de estas reflexiones, insisto, la encontramos sintetizada por David Graeber en forma de una voluminosa etnografía de la acción directa y reseñada en el libro que hoy nos congrega. Otra importante reflexión la tomamos directamente de los anarquistas griegos:

De cierta manera, dicen los griegos, se puede decir que es sólo desde hace tres o cuatro años que los anarquistas se empezaron a tomar a sí mismos “en serio” así que así somos vistos por el resto de la sociedad. Es sólo en los pasados años cuando hemos conseguido expandirnos más allá de las limitaciones de la estrategia anti-policial que ha caracterizado nuestros esfuerzos durante 25 años. Según esta estrategia, atacamos a la policía, ellos detienen gente, y hacemos acciones de solidaridad, una y otra vez. Nos ha costado 25 años escapar de esta rutina. Por supuesto, los ataques anti-policiales y los enfrentamientos continuan, y el movimiento de solidaridad con los presos es más fuerte que nunca, pero el elemento anti-social dentro del movimiento anarquista está bajo un auto-control consciente y podemos hablar, cuidar y actuar por el beneficio de toda la sociedad ahora, utilizando acciones y planes que pueden ser comprendidos más claramente por al menos una parte de la sociedad.

Es decir que luego de décadas de “práctica anti-social” el anarquismo europeo está aprendiendo a ver más allá. Debo concluir este punto señalando que desde mi perspectiva la aparición de la tendencia insurrecionalista en México, no es más que una muestra de la enorme dependencia y admiración que tenemos los mexicanos, como país periférico y colonizado, de todo lo que venga del centro del primer mundo.

Extraña y paradógica como resulta nuestra realidad, los anarquistas del Norte Global han cambiado su actuar al mirar al Sur, a México en este caso, y contrario a esto, los anarquistas de este Sur han reafirmado su dependencia al Norte en dos sentidos clarísimos: El primero es lo que mencionaba anteriormente, la dependencia, adicción y adopción a todo lo que venga de Estados Unidos y de Europa, que para el caso son sinónimos, y segundo, el rechazo “etnocéntrico” a todo lo “no anarquista” emergido desde el Sur Global, lo que, reiterando, ha sido incorporado por el norte para desembarazarse de sus oxidadas prácticas.

Es relevante el hecho de que muchos anarquistas, la mayoría diría yo, tienen por un lado profunda aversión al movimiento zapatista y por otro sientan gran admiración por modelos europeos, nuevos o viejos, como el insurrecionalismo, o la romántica imagen que proyectan los piratas, machos barbones que navegaban sin amos por los océanos del mundo. Creo que esto malinchismo puro, es el deseo de ser blanco. Va a sonar a chiste o a broma, pero también es curioso que últimamente se hayan puesto de moda los vikingos, incluso acá en la ENAH hubo dos intentos de hacer un coloquio de estudios nórdicos. Creo que insurrecionalistas europeos, piratas anglosajones o guerreros vikingos son parte de la misma moneda eurocentrada. A los anarquistas en particular, por que nosotros lejos de lo se pueda pensarse también somos gente con idiosincrasia y prejuicios, y a la gente en general estos modelos eurocentrados les resultan irresistibles por que son una proyección especular de nosotros mismos. Mientras los piratas, los insurrecionalistas o los vikingos son europeos, nosotros somos del tercer mundo, mientras estos son altos, rubios y de piel blanca, nosotros somos somos chaparritos, morenos y de cabello negro, mientras ellos son protestantes, anglicanos o vikingos paganos, nuestra raiz es guadalupana.

Tengo grandes esperanzas en que la construcción de una reflexión como la que propongo desde una antropología, o en mi caso, desde una historiografía ayude a derrumbar este engaño en el que los anarquistas estamos más cerca de los rubios piratas ingleses que de los morenitos zapatistas mayas, esta visión resultado del viejo colonialismo eurocentrado que se disfraza de anarquismo del Norte Global y se propaga como la peste que por cierto también vino de Europa.

26 de noviembre de 2015

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